Javier compró un teléfono móvil por el que pagó 380 euros. Ocho meses después de la compra, el móvil cayó al suelo y resultó bastante dañado. Javier fue a la tienda pero le dijeron que la garantía legal solo cubría problemas de funcionamiento del aparato.
Acudió a Irache y, al revisar la documentación, el asesor reparó en la contratación de un seguro. En un primer momento, fue el propio consumidor quien quiso llamar a la aseguradora para solicitar la reparación: le dijeron que la póliza solo cubría daños de funcionamiento “intrínsecos” al teléfono. Tras esta respuesta, se hizo una reclamación desde Irache en la que se adjuntó la póliza suscrita, en la que se incluía la cobertura de daños en el aparato originados por golpes o caídas. Tras la reclamación, se envió el teléfono, que fue reparado en unas semanas.
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