Una persona compró un reloj en un comercio. Allí mismo le ofrecieron un seguro que le cubriría los daños que este podría sufrir por golpes, caídas o humedades. Además, le indicaron que, al contratar el seguro y mantenerse al corriente de pago de las primas durante doce meses, le premiarían con una bonificación de 150 euros. El consumidor aceptó contratar la póliza.
Pasados los meses indicados, contactó con la tienda para el cobro de la bonificación, pero le remitieron la compañía titular del seguro, que no dio ninguna explicación clara al consumidor para no pagar lo acordado. Acudió a Irache, desde donde se reclamó, en virtud del contrato de seguro firmado, el abono de la bonificación acordada. Desde la aseguradora explicaron que, dado el alto número de solicitudes, se habían visto obligados a alargar el plazo de pago. Más allá de esta circunstancia, reconocieron que el cliente había cumplido las condiciones y abonaron los 150 euros.
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